Una fuerza que los fanáticos nunca comprenderán

JOHAN HAKELIUS

Recopilado y traducido por Ana-Karin Gauding

 

Cuando se quiere cambiar la dirección de un río o invertir los recursos de la sociedad en la construcción de tractores, puede ser útil una dictadura centralista, Pero en todos los demás casos son preferibles nuestras sociedades abiertas, democráticas y diversas, decentemente descentralizadas y algo decadentes.

 

Esto es lo que los terroristas nunca comprenden Creen que la apertura de mente y la libertad es igual a debilidad. El hecho de que estemos un poco sueltos de carne en cuanto a la disciplina y la coordinación, lo interpretan como que estamos en la cuerda floja. Es justo lo que los fundamentalistas fanáticos y sin sentido del humor siempre creyeron. No comprenden que es justo lo contrario; que el hecho de que no marchemos al mismo paso y no tengamos la misma meta lo que hace que sobrevivimos casi todo.

Resulta muy difícil eliminar redes finas de confianza, iniciativa y poder, mientras que todo lo que está siendo dirigido desde arriba, uniforme- y autoritariamente, siempre camina con pies de barro.

El terrorismo no es una novedad en Europa Occidental. Durante los años 70 había años en que más de 400 personas al año murieron en atentados terroristas. Durante un año normal de los años setenta fueron asesinadas alrededor de 300 personas por los terroristas.  En los años 80, las víctimas del terror en Europa occidental habían bajado a menos de 200 por año. Fue recién en el cambio de mileno en que las muertes en atentados terroristas fueron excepciones. Atentados como los de Madrid  en 2004 y en Utøya (Noruega) en 2011 fueron excepciones,

Si se quiere sacar de esto alguna conclusión es que el terrorismo no funciona. Los estados y las sociedades que fueron atacados por terroristas a través del tiempo no solo sobreviven, sino que se desarrollaron y están más ricos desde el punto de vista económico, cultural y social. Las organizaciones terroristas que creyeron que podían dar vuelta el mundo occidental, se dividieron o desaparecieron. Surgieron otras, pero rápidamente viven la misma suerte.

Esto no quiere decir que debamos tomar a la ligera la amenaza terrorista. Después de los hechos grotescos de violencia ayer en Drottninggatan, probablemente tendremos motivos para discutir de nuevo cómo nos protegemos de la mejor manera del terror. Quizás se tomen algunas medidas  que hasta ahora quisimos evitar y que ahora parecen más razonables. Pero en primer lugar se trata de proteger a los ciudadanos contra la violencia sin provocación, no de proteger a la sociedad del colapso.

 

La meta de los terroristas- la de hundir nuestra manera de vivir- no están ni cerca de lograr. Si logran algo es de hacernos comprender y apreciar lo que tenemos. Nos refuerzan en nuestra voluntad de proteger y cultivar la sociedad civil de malla fina que nos ha hecho ser tan robustos.

 

Inmediatamente después del atentado en Drottninggatan se llenaron los twitter con el hashtag "openstockholm", donde los vecinos de Estocolmo de una manera civilizada y solidaria se comunicaban . Los que compraban comida se ofrecieron a asegurar que los niños, cuyos padres se habían quedado atascados en el centro, pudieron cenar.  Gente que necesitaba ayuda para llegar a sus casas se juntaron con otros que iban en la misma dirección. Los que necesitaban donde alojarse momentáneamente, fueron invitados a las casas de otros residentes de Estocolmo. Cosas pequeñas, sencillas y prácticas, pero que expresan algo grande.

Lo que vimos durante #openstockholm fue justamente la capacidad única de las sociedad abierta de sobrevivir. Sólo algunos respiros después del atentado, nos organizamos de acuerdo a la situación, haciendo que las cosas funcionaran,  Es una fuerza que los fanáticos no lograrán nunca comprender.

http://www.expressen.se/kronikorer/johan-hakelius/en-styrka-som-fanatiker-aldrig-kommer-att-fatta/

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